Ruta 1. La Vega de Altzaga

La Vega de Altzaga se desarrolla entre 1860 y 1900, cuando se urbanizan algunos solares de José María Jado, principal propietario de las tierras, y el antiguo camino de sirga, que sería el germen de la actual carretera entre Bilbao y Las Arenas. A partir de ese momento llegarán las grandes industrias y la pequeña anteiglesia rural y núcleo principal de Erandiogoikoa bajará a Altzaga, dando lugar al nacimiento del Erandio contemporáneo.

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Empezaremos la visita por el lavadero de ropa de Tartanga, que representa el cambio en las medidas higiénico-sanitarias en Erandio. La última epidemia de cólera que se vivió en la zona tuvo lugar a finales del siglo XIX. Había que cambiar las medidas higiénicas de la población y por ello, el ayuntamiento construyó este lavadero de ropa, de la mano del maestro de obras Casto de Zabala, en 1893. Lavar la ropa fue una de tantas medidas encaminadas a la mejora en los hábitos de salubridad de las y los habitantes. El lavadero tendrá esta función hasta prácticamente la década de 1970.

Cerca de aquí, y siguiendo nuestro paseo, nos pararemos a mirar el grupo de viviendas La Esperanza, construidas en 1923 en régimen de cooperativa por un grupo de socios que trabajaban en la Sociedad Española de Construcciones Navales y diseñadas por el arquitecto municipal Ángel Líbano en estilo neovasco. Conocidas popularmente como “casas baratas”, son el reflejo de los problemas de hacinamiento y falta de vivienda obrera que se estaba produciendo en Erandio desde finales del siglo XIX.

Avanzamos hasta la carretera de la ría, un espacio por el que desde 1877 circuló el primer tranvía de tracción animal de la Compañía Tranvía Bilbao a Las Arenas, que conectaba las poblaciones de la margen derecha. Erandio contó con apeaderos en Desierto, Lutxana y Axpe. A partir de este punto alcanzamos la zona industrial del pueblo y, girando hacia la izquierda, entre antiguas pesqueras, astilleros y talleres industriales nos toparemos con el edificio Gestamp, propiedad de un grupo internacional dedicado al diseño, desarrollo y fabricación de componentes de automóvil. En origen, el inmueble perteneció a Industrias Aguirena, dedicada a la fabricación de maquinaria eléctrica pesada. El edificio fue proyectado por Alfredo Palomar en 1953 y destaca por el regio pórtico monumental de marcado carácter clasicista en su entrada principal.

En frente de este edificio podemos ver las instalaciones de la empresa Astilleros de Murueta, nacida en 1943. Una importante empresa naval altamente especializada que cuenta con gran grada de 156 metros de largo. Las grúas de tipo pelícano destacan en el cielo del municipio, siendo hoy el emblema de la larga tradición naval de la zona. Unos metros más adelante nos encontramos con la Sociedad Franco Española de Trefilería, Cablería y Tranvías Aéreos, constituida en 1900 de la mano de los franceses Senret y Chandonet, cuyo edificio fue diseñado por el ingeniero francés Filiberto Bonvillain. La empresa nació con el fin de hacer cable de acero para la minería, puentes y otras industrias y, poco a poco, se convirtió en una de las líderes de su sector. Levantada en un terreno de 8.000 m2, propiedad de la familia Jado, su actual aspecto es fruto de las reformas de carácter racionalista llevadas a cabo entre 1939 y 1967 por Manuel y Carlos Castellanos.

El siguiente hito en nuestro camino es el edificio de viviendas de la calle José Luís Goyoaga 31, proyectado en 1929 por el arquitecto Antonio Araluce, con sus singulares balcones neobarrocos. Entre las calles Legazpi y San Jerónimo encontramos el antiguo mercado municipal, una obra diseñada por el arquitecto Germán de Aguirre en 1960, ejemplo de arquitectura de hormigón, que cuenta con una cubierta de hormigón visto a una sola agua, grandes ventanales y losa volada que protege el acceso principal. Hoy en es el centro cultural del municipio.
Unos metros más adelante, en la plaza 23 de septiembre, se erigen el Kiosco de música, realizado en 1901 según las pautas decorativas de la arquitectura del hierro, y el Ayuntamiento, proyectado por el arquitecto municipal Casto de Zabala a finales del siglo XIX, y cuya fisonomía actual es fruto de la intervención de reconstrucción realizada en 1991.

En la actual plaza del metro podemos ver algunos ejemplos de una arquitectura verdaderamente rompedora, que conviven con otros de gusto más clásico. De esta última nos fijaremos en el edificio de viviendas de la calle Bereterretxe 2, obra del arquitecto Santos Zunzunegui. Levantado en 1935, destacan el torreón angular y los elementos decorativos en ventanas y miradores. Por su parte, y como ejemplo de arquitectura de vanguardia, en la cercana plaza de San Agustín encontramos la iglesia del mismo nombre, que fue levantada en 1975 por el arquitecto Germán Aguirre, autor de obras de referencia como el mercado del Ensanche de Bilbao o el de Erandio. Un edificio donde se pone al descubierto la arquitectura de hormigón visto y cuyo aspecto más singular es la cubierta,una lámina de hormigón en forma de paraboloide hiperbólico que hace las veces de tejado.

A pocos metros de ella, y a punto de acabar nuestro recorrido en la plaza del metro, se levanta la primera estación soterrada de la antigua línea del ferrocarril Bilbao-Plentzia. Diseñada por el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza en 1988, destaca su edificio cilíndrico de vidrio de diseño postmoderno.

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